Lo mejor y lo peor de la firma de libros

Después de un tiempo caminando como un escritor novel, puedo contar mis experiencias desde que comencé sin saber absolutamente nada del mundo editorial hasta hoy que sigo sintiéndome neófita entre tantos intereses repartidos.

En esta ocasión os hablaré brevemente de mis aventuras en la firmas de libros. Ya sea en ferias, en librerías o incluso en alguna rastrillo benéfico, la esencia del evento es muy similar. Un escritor acude con sus novelas para acercarlas al público. Y digo público y no lectores porque más de uno que se para a charlar conmigo, finalmente admite que no ha leído un libro en su vida, pero que la historia que le cuento sería interesante para alguna serie de alguna plataforma conocida.

Lo mejor de las ferias

1.- El contacto con los libreros, editoriales y compañeros escritores.

Es un placer conocer gente apasionada por las novelas que trabajan para llevar estas historias a las casas y que además te acompañan en el camino cuando tú no sabes por dónde ir. Me encantó descubrir el compañerismo y la buena voluntad de los que llevan años dedicándose a esto.

2.- La posibilidad de charlar con la gente

Al principio, con cierta timidez, intentabas averiguar si la persona que pasa por tu lado puede estar interesada en la historia de tu novela. Con el tiempo, me he dado cuenta de que disfruto mucho hablando con las personas que acude a las librerías, ferias o eventos en lo que estoy, y que muchas veces no les atrae la temática de tu historia, pero te cuentan experiencias personales o te recomiendan libros que a ellos les parecen impresionantes.

3.- La atracción de los nuevos lectores

Muchos clientes van a las librerías a buscar algún ejemplar en concreto y te descubren en una esquina con tus novelas y una sonrisa esperanzadora. Muchos terminan interesándose por tu historia y se llevan un ejemplar firmado de tu novela. Es satisfactorio entregar un libro a alguien con la ilusión de que le guste lo que encuentre en él. Por cierto, si leéis un libro y os gusta, reseñadlo, recomendadlo, puntuadlo o escribidle al autor contándoselo. Bueno, y si no os gusta, también. De todas las críticas se aprende siempre que sean desde el respeto y de forma constructiva.

Lo peor de las ferias

1-. Las veces que te confunden con un librero

Mientras estas rodeado de tus novelas con un bolígrafo en la mano, el cliente te pregunta por el nuevo libro de otro autor, pensando que trabajas en la librería. Al principio, simplemente, les dices que no trabajas allí, que estás en ese sitio para promocionar y firmar tus novelas, pero, últimamente les digo cómo encontrar el libro o dónde puede preguntar y todos contentos.

2.- Las inclemencias del tiempo y el paso de las horas

Ya sean con los rayos de sol directos a tu cara, la brisa fría que se mete por tus pies, el sofoco de calor en la esquina de la sección de idiomas o la humedad que entra por la puerta de un día lluvioso, durante muchas horas, esperas con una sonrisa que alguien se detenga a charlar contigo para que el tiempo pase más deprisa. No hay nada que me deprima más, que estar en una firma y que ese día apenas haya gente con la que hablar. Y verás que no digo personas que compren mi libro -que también está genial- sino clientes que se acerquen a ver por qué ese día hay una persona en la mesa especial para la firma de ejemplares.

3.- Los problemas de distribución con el lugar de la firma

No es de extrañar que, en alguna ocasión, haya una descoordinación entre la librería y la distribuidora que le debe llevar tus ejemplares al lugar de la firma. Es decir, que tú llegas con toda la ilusión al sitio acordado y tus libros no han llegado, o no son el número de ejemplares que habían pedido… Un consejo: tened siempre ejemplares de vuestras novelas. No es la primera vez que voy a firmar y me tengo que volver corriendo al coche a buscar ejemplares que tengo de mis propios libros.

Aquí solo cuento, con cierto tono de humor, mis propias experiencias. Estoy segura de que mis compañeros escritores tendrán muchísimas más anécdotas y no siempre coincidiremos en nuestras vivencias, pero esa es la esencia de la vida, ¿no? No todos vemos lo mismo al contemplar el Taj Mahal ni tenemos la misma sensación ante la pirámide de Giza. La riqueza de las opiniones es que cada uno tiene la suya.

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